sábado, 29 de junio de 2013

Una dura experiencia


Era mayo de 2012 y mi abuela paterna empezó a quejarse constantemente de dolores en su cintura. Mis tíos decidieron llevarla al hospital. El doctor le diagnosticó una disminución de sus plaquetas y le recetó medicamento para iniciar un tratamiento. Conforme avanzaba el tiempo su salud no mejoraba. Al contrario, comenzaba a tener síntomas negativos.


Después de atenderla algunos meses en la Clínica 58 en Santa Mónica, el doctor decidió darle el pase al Hospital General La Raza, para un mejor análisis y una atención más especializada. Yo estaba muy triste porque más que mi abuela era como una madre, mi confidente, mi amiga, mi consejera, mi guía… En fin, ella fue una de las personas que más amé. Aunque la describiera con mil palabras no lograría expresar lo que ella fue para mí.


Al cabo de tres meses el tratamiento que recibió en La Raza no fue suficiente, ya que no mejoraba y, además, no lograban darnos un diagnóstico. Mi familia decidió llevarla a una clínica particular. Fue aquí donde nos dijeron que tenía cáncer, y llegaron a la conclusión de que el virus que le provocaba la disminución de sus plaquetas se lo habían transmitido en el Seguro Social mediante una transfusión de sangre que le realizaron.

Sabiendo esto mis tíos solicitaron en La Raza el pase al Centro Médico Siglo XXI. Mi familia siempre ha sido muy unida y en esos días todos nos la pasábamos en la casa de mis abuelos.
Teníamos la esperanza de que ella mejorara, pero a lo largo del proceso nos dieron una noticia que no esperábamos: además de tener cáncer le habían diagnosticado insuficiencia renal, hepatitis B, la cual le había desencadenado insuficiencia hepática, anemia y cirrosis. Todos nos sentíamos destrozados. No podíamos creer que en tan poco tiempo ella estuviera tan mal.

Era 3 de enero de 2013 por la mañana, cuando mis tíos tuvieron que llevar de emergencia a mi abuela al hospital. Se quedó internada y algunos de mis primos y tíos se quedaron a acompañarla. Pasaron dos días y mis familiares seguían en el hospital. En casa solo nos quedamos mi hermano mayor, mi abuelo y yo, cuidando a mis primos pequeños. El tercer día muy temprano le habló mi tía Alicia a mi hermano para decirle que fuéramos lo más rápido posible al hospital. Cuando llegamos vi a todos mis tíos y primos llorando. Me acerqué a mi tía Nayelli y me dijo: “tiene cinco minutos que tu abuela falleció”. La abracé tan fuerte que no sé si la lastimé, y me solté a llorar.

Esta ha sido la experiencia más dura y dolorosa que he vivido.

2 comentarios:

  1. Lo siento muy feo Jocelyn. No me imagino vivir eso. Mi abuelita también es como una madre para mi. No inventes me quedó un hueco muy feo en mi garganta. Ánimo. Y sigan unidos :). Un abrazo.

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    1. Nos tocaron buenas abuelitas y eso me alegra. Aunque ya no la tenga, me dejó grandes enseñanzas y un cariño enorme que nadie podrá jamás arrancarme.
      Nunca sabemos cuándo partirá alguno de nuestros seres queridos, así que lo mejor es recordarles a cada momento lo mucho que los amamos. Disfruta a tu abue y no dejes de decirle lo importante que es para tí(como me comentas que lo es).
      Que estés muy bien! y gracias :)

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