Tenía 11 años, a pocos días de cumplir 12. Mamá casi durante un mes estuvo
pidiéndome los números telefónicos de algunos de mis amigos. Cuando le pregunté
¿Para qué los quería?, contestó simplemente que alguna vez podría necesitarlos.
Esto no se me hizo raro, ya que me sobre protegía todo el tiempo y además, también tenía los teléfonos de algunos amigos de mi hermano. Accedí a pasarle seis o siete contactos, amigos que eran más cercanos a mí. Luego, me enteré que a esos contactos
también les había pedido teléfonos de algunos más.
Transcurrieron
algunos días y era dos de julio, un día antes de mi cumpleaños. Llegué de la
escuela y mi mamá me dijo que mi abuela había marcado para decirle que quería
que fuera a dormirme con ella. Como ella vivía sola yo solía quedarme a dormir algunos fines de semana en su casa.
Amaneció
y era tres de julio. Toda esa mañana y parte de la tarde estuve con mi abuela.
Eran aproximadamente las 17.00 hrs cuando me dijo que me arreglara porque
me llevaría a mi casa. Obedecí, me arreglé y alisté mis cosas. En cuanto
terminé, le avisé y salimos hacia mi casa.
Todo
había sido de lo mas normal, lo único extraño fue que mi abuela hizo un intento
por ayudarme a peinar (lo cual nunca hacia). Ojala le hubiera dicho que no desde
un principio, porque me hizo un tremendo peinado: me alborotó todo el cabello y ya que lo tenía todo esponjado, estuvo a punto de ponerme spray y dejarme como
si me hubiera explotado el boiler. No se en qué momento pensó que eso se vería
bien.
Cuando
llegamos a casa, mi mamá me esperaba en la puerta y me dijo: Cierra los ojos. Sin decirle nada los cerré
con una gran sonrisa, ya que me encantan las sorpresas y como era mi cumpleaños, supe que me había preparado algo. Entré a mi casa y cuando descubrió mis ojos, mire allí a todos mis amigos que empezaron a cantarme las mañanitas; observé
que la mesa estaba llena de cosas: un pastel, bocadillos, vasos, cubiertos,
servilletas, refrescos y platos. Recuerdo
lo bien que se sintió que me recibieran así. En cuanto terminaron de cantarme fueron acercándose a mí para darme un obsequio. Todos me dieron un
enorme abrazo y yo estaba muy feliz.
Fue una
experiencia inigualable y algo que me saca una gran sonrisa cada que lo
recuerdo.


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