Era
2006 y tenía 15 años. Desde pequeña
siempre me gustaron las mascotas, en especial los perros. Me la pasaba diciéndole
a mis padres que me compraran uno, pero la respuesta siempre fue la misma: “¡No!”.
Esto entre cosas se debía a que mi mamá estaba obsesionada con la limpieza, y decía
que un perro soltaba mucho pelo, el cual se quedaba en la ropa y se veía mal,
aparte de que teníamos que educarlo porque si no, constantemente, defecaría
dentro de casa. Siempre sus miles de pretextos. Mi papá por el contrario, no le
veía nada de malo, él, siempre estuvo de mi lado.
En
la escuela, una de mis amigas tenía un perro llamado Lucas. Siempre que la
visitaba, observaba cómo jugueteaba con él, y como éste corría por toda la casa
ladrando. Cuando salíamos a pasearlo, obedecía todas las órdenes que le daba mi
amiga. Yo sabía que no era cierto todo lo que me decía mi mamá en contra de los
perros y quería que ella también se diera cuenta.
En
varias ocasiones les ofrecieron cacharros a mis padres, pero estos decían que
no.
Algunos
días después de mi cumpleaños número 15, yo dormía en mi habitación, cuando de
repente, mi hermano el más pequeño entró, me despertó y me enseñó a un
cachorrito que llevaba cargando. Me dijo que se llamaba Ami. Me levanté
enseguida y le pregunté: “¿De quién es?”. Me dijo: “De nosotros”. Resulta que a
mi papá se lo había vendido un amigo de su trabajo.
Por
fin, mi mamá había aceptado a un cachorro y yo estaba muy contenta. Abracé a mi
perrita y todo ese día lo pase con ella.
A partir de ese momento, me encariñé mucho con Ami.
De pequeña fue muy
juguetona y traviesa. Cuando salíamos de casa y se quedaba ella sola, agujeraba nuestros
zapatos, tiraba la basura y la regaba por toda la casa, ponchaba los balones de
fútbol de mis hermanos, etcétera.
En
una ocasión se escapó, y cuando fuimos a buscarla mi mamá y yo, la encontramos
cerca de un río de agua sucia que está por mi casa. Cuando mi mamá trató de
agarrarla, se aventó al río. Fue muy desagradable sacarla de ahí. En cuanto
llegamos a casa la bañamos.
Disfruté
(y hasta la fecha) todos los momentos que pasé con mi perrita. Tal vez algunos
dirán que solo es un perro, pero para mí es mucho más que eso.
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